Que el código sea público no es solo una filosofía: significa que cualquiera puede auditarlo, corregirlo y mejorarlo. Por eso algunas de las apps más fiables y longevas que existen son open source. En Windows hay alternativas así para casi cualquier tarea —edición de vídeo, ofimática, seguridad, desarrollo— y muchas de ellas, como VLC o GIMP, llevan décadas compitiendo de tú a tú con software de pago. Sin suscripciones. Sin licencias. Con comunidades que no dejan de actualizarlas.